Esa frase me dolió más que cualquier otra cosa.
Como si criar a nuestros hijos no contara.
Administrar las finanzas del hogar no contara.
Cuidar de su madre enferma no contara.
Estar a su lado en cada evento corporativo no contara.
—Dejé mi trabajo porque me lo pediste—le recordé.
—Dije que sería mejor para la familia—me corrigió con calma—. No dramatices.
No dramatices.
Algo dentro de mí cambió.
No se destrozó, cambió.
Porque en ese momento comprendí lo que me había negado a admitir durante años.
Esto no fue espontáneo.
Fue una estrategia.
Había cambiado últimamente.
Volver a casa más tarde.
Sonreí a su teléfono.
Se vestía más elegante.
No dije nada.
Observé. Una noche dejó su portátil abierto sobre el escritorio. No buscaba nada… pero la pantalla brillante me llamó la atención.
Había una hoja de cálculo abierta.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
