El mismo futuro, sin mí.
Sentí que se me escapaba el aire de los pulmones.
No se trataba de justicia.
Se trataba de reemplazo.
Esa noche, sentado frente a mí en la cama, me habló con un tono tan tranquilo que me dio escalofríos.
“Necesito un socio, no una carga.”
“¿Desde cuándo soy una carga?”, pregunté.
Evitó mi mirada.
“Quiero a alguien a mi nivel.”
A mi nivel.
Diez años atrás, cuando ganaba más que él, ese “nivel” nunca había sido un problema.
Pero no discutí.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
