Después de engañarme, mi esposo nunca volvió a tocarme. Durante dieciocho años, coexistimos como desconocidos bajo el mismo techo, hasta una revisión médica de rutina después de jubilarme, cuando las palabras del médico me destrozaron allí mismo, en la consulta.

Salí del hospital confusa. Entonces un recuerdo afloró: 2008. Una semana después del enfrentamiento, caí en una espiral de depresión. Tomé demasiadas pastillas para dormir. Oscuridad. Despertar en un hospital con dolor en la parte baja del abdomen. Michael dijo que era por un lavado de estómago.

Corrí a casa.

"Michael", pregunté temblando. "¿Me operaron en 2008?"

Su rostro se desvaneció al instante. El periódico se le resbaló de las manos.

"¿Qué tipo de cirugía?", grité. "¿Por qué no me acuerdo?"

"¿De verdad quieres saberlo?", preguntó.

"¡Sí!"

"Esa noche tuviste una sobredosis, te hicieron análisis. Estabas embarazada".

La habitación dio vueltas. "¿Embarazada?"

"Tres meses", dijo con amargura. “No nos habíamos tocado en seis años.”

El bebé era de Ethan.

“¿Qué pasó?”

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