—Dejé de ser susceptible a la explotación.
Su padre murmuró una maldición. —Has perdido la cabeza.
—No —dijo Nora—. Finalmente la usé.
Ese fue el punto de inflexión.
No porque ellos lo entendieran, sino porque ella sí.
De pie en la acera, rodeada de coches y desconocidos, Nora se dio cuenta de que ya no era una discusión familiar.
Era una cuestión de límites.
Su madre volvió a llorar, esta vez más suavemente. —¿Adónde se supone que vamos a ir?
Nora metió la mano en su bolso y le entregó otro sobre.
Una reserva de motel actualizada. Una lista de opciones de alojamiento. Los detalles de la cita con el asesor.
Lo había preparado durante el almuerzo.
Ronald miró los papeles como si fueran un insulto.
—Hubiera sido más fácil dejarnos quedarnos —murmuró.
—Por ti —respondió Nora.
No obtuvieron respuesta.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
