Había lágrimas en sus ojos; no dramáticas, ni desesperadas. Solo un arrepentimiento silencioso.
"Ojalá hubiera luchado por ti antes", dijo.
"Yo también", respondí.
Pero desear no reescribe la historia.
Con el tiempo, construimos algo estable.
Nada de romance.
Nada de tensión inconclusa.
Pero límites.
Ethan se convirtió en un buen padre: constante, paciente, presente. Se mudó a un pequeño apartamento cercano. Crió a sus hijos juntos sin ego. Aprendió a hablar, especialmente cuando su madre intentó intervenir de nuevo.
¿Y yo?
Volví a la escuela.
Terminé la carrera que una vez dejé para casarme. Reconstruí mi carrera poco a poco. Dejé de esconderme de los vecinos. Dejé de encogerme cuando la gente me hacía preguntas.
Cuando mis familiares me miraban con lástima, ya no me sentía pequeña.
Porque ya no era la mujer divorciada.
Era madre.
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