Etapa 1: La ventanilla del banco, donde las palabras ajenas llegan al corazón
"Disculpe... ¿está segura de que conocía bien a Pavel Andreevich?", preguntó la empleada con cautela, mirando a Dasha como si no viera a una viuda, sino a un hombre que se había equivocado de puerta.
Dasha hizo una mueca. El ronco susurro de su marido aún resonaba en su cabeza: "Toda suya...". Esas palabras la mantuvieron en pie junto al ataúd, aceptando las condolencias, contemplando las costosas flores ajenas que no olían a amor, sino a estatus.
"Este es mi marido", respondió Dasha con voz ronca. "Pavel Andreevich Sokolov. Traje los documentos".
La empleada volvió a mirar el monitor y se ajustó las gafas con nerviosismo.
"El problema es...", bajó la voz, "según nuestros registros, usted no es la única heredera de las cuentas". Y... algunos bienes están congelados temporalmente hasta que se aclaren las circunstancias.
Dasha sintió como si se le cayera el suelo.
"¿En qué circunstancias?", susurró. "Murió. Completó todo el papeleo... él mismo lo dijo..."
La empleada asintió, pero un destello de compasión brilló en sus ojos, una sensación más aterradora que cualquier negativa.
"Tenemos una nota sobre la orden impugnada. Y también... se recibió una solicitud de un notario y... de terceros. Afirman que hay otro documento, más reciente."
Dasha apretaba la carpeta con tanta fuerza que le dolían los dedos.
"¿Quiénes son esos 'terceros'?"
La empleada habló lentamente:
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