Después del funeral, fui al banco a cobrar mi herencia y descubrí que todo era mucho más complicado.

Dasha sintió que algo nuevo comenzaba a brotar en su interior, bajo el duelo, bajo el miedo, bajo la soledad. ¿Orgullo? ¿Intuición? ¿O un amor que se niega a convertirse en un trato?

"Primero hablaré con el notario", dijo. "Y buscaré a mi abogado".

Marina asintió fríamente.

"Entonces prepárate para que vengan a verte esta noche. Quizás los de seguridad". Quizás los representantes de los niños. Quieren entrar en el apartamento. Tienen sus razones.

"¿Qué razones?", preguntó Dasha, tensa.

Marina sonrió casi con ternura:

"La razón es simple. El apartamento no te pertenece. Y estás ahí temporalmente."

Dasha salió del café, sintiendo que la ciudad a su alrededor se había vuelto diferente: extraña, aguda, hostil. Y por primera vez en una semana, no pensaba en su dolor. Sino en el hecho de que podían... simplemente echarla.

Etapa 3: El apartamento, donde incluso las paredes se convierten en testigos
La casa recibió a Dasha en silencio. Enormes ventanales, cortinas caras, muebles que Pavel Andreevich había elegido personalmente. Todo allí gritaba su buen gusto, su poder, su orden. Y entonces, de repente, sintió miedo.

Entró en la oficina de su marido. Antes, había dudado, como si la oficina fuera un templo prohibido. Ahora no le importaba. Necesitaba la verdad.

Las carpetas ordenadas yacían sobre el escritorio, como siempre. Pavel Andreevich amaba el orden. Dasha abrió el cajón superior y vio una llave pequeña y un sobre cerrado con un sello rojo.

El sobre decía: «Para Dasha. Ábrelo cuando esté sola en tu recuerdo».

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