Los labios de Dasha temblaron.
«Me... dejaste una carta», susurró.
Rompió el sello.
Dentro había varias páginas escritas a mano. Dasha, si estás leyendo esto, significa que me he ido. Y eso significa que mis hijos ya han empezado la búsqueda. No los culpes solo a ellos: les enseñaron que el dinero es amor. Pero ya sabes: el amor es estar cerca por las noches y tomarte de la mano, incluso cuando da miedo.
No te dije "todo tuyo" como contable. Lo dije como un hombre que quiere tu seguridad.
Los documentos... son más complicados. No podía transferirte todo abiertamente; si no, te habrían destruido en los tribunales. Pero lo hice de otra manera. Hay un segundo paquete. Está con el notario Vorontsov, palabra clave: "Jardín Tranquilo". Contiene algo que no pueden quitarte.
Dasha lo leyó y no podía creerlo. Así que lo había previsto. Así que sabía lo que venía.
Al final de la carta decía esto:
Y una cosa más. No te fíes de Marina Levina. Trabaja para los niños, pero antes trabajó para mi socio, Gromov. Y Gromov no me perdonará una cosa. Si insisten, sepan esto: no se trata solo de la herencia. Hay un secreto ahí.
Perdóname por dejarlos con este lío. Pero creo que eres más inteligente de lo que creen.
Dasha dejó caer la carta sobre la mesa. El corazón le latía con fuerza, como una alarma.
¿No solo la herencia? ¿Un secreto? ¿Un socio? ¿Gromov?
Rápidamente sacó su teléfono y marcó el número del notario que aparecía en los papeles del banco. Pero oyó el contestador automático: "Recepción cerrada".
Dasha miró hacia las ventanas. Estaba gris afuera. Y de repente, abajo, en la entrada, vio un coche negro y dos hombres.
Levantaron la vista, como si percibieran su mirada.
El timbre sonó un minuto después.
Dasha se quedó paralizada.
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