4. Nunca te aísles por completo de los demás.
Vivir solo no significa desaparecer. La soledad y el aislamiento no son lo mismo, y el aislamiento es peligroso.
Nadie debería vivir de forma que algo pueda pasar sin que nadie se dé cuenta. El silencio absoluto no es independencia; es exposición.
Cuatro cosas que siempre debes hacer.
5. Ordena tu espacio todos los días, aunque sea un poco.
No esperes la motivación. Empieza primero.
Veinte minutos son suficientes: lava algunos platos, recoge una superficie, ordena lo visible. Un espacio más tranquilo permite que la mente descanse.
La acción crea motivación, no al revés.
6. Sal de casa al menos tres veces por semana.
No tiene que ser nada especial. Un café. Un paseo corto. Hacer la compra. Una visita a la biblioteca o a una plaza cercana.
Salir mantiene la mente ocupada, la voz activa y la conexión viva. También le da forma a tu semana para que los días no se mezclen.
Y a veces, sin proponértelo, te encuentras con nuevas conversaciones, nuevas caras, nuevas historias.
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