Dio refugio al niño pobre durante la lluvia, y la anciana quedó atónita cuando el pequeño señaló la foto de su hija y exclamó una frase…

Diego asintió, con la mirada firme aunque temblorosa:
—“Solo sé que necesito encontrar a mi hermana Lucía. Mi mamá me dijo que ella era mi única familia.”

La anciana sintió un torbellino de emociones: alegría por hallar al nieto perdido, pero también miedo por la reacción de Lucía, que jamás contó nada a nadie.

Al día siguiente, Lucía llamó desde la capital.
—“Mamá, este fin de semana voy a poder ir a verte. Te extraño mucho.”

Doña Carmen tragó saliva, a punto de contarle lo de Diego, pero no pudo. Solo respondió:
—“Sí, hija. Ven. Hay algo importante que tenemos que hablar.”

Cuando Lucía regresó, cansada por el trabajo en la fábrica, se sorprendió al ver al niño en la casa.
—“Mamá, ¿y este quién es?”

Antes de que Carmen pudiera responder, Diego se adelantó, con la voz entrecortada:
—“Hermana… soy yo, Diego. Tu hermano.”

Lucía se quedó helada, el color se le fue del rostro. Miró a su madre, incrédula.
—“¿Qué significa esto? ¿Por qué me llama hermana?”

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