Dio refugio al niño pobre durante la lluvia, y la anciana quedó atónita cuando el pequeño señaló la foto de su hija y exclamó una frase…

No quedaba nada que ocultar. Doña Carmen relató todo entre sollozos: el romance de juventud, el hijo entregado, los años de silencio.

Lucía lloró desconsoladamente.
—“Pensé que había muerto… Pensé que nunca más lo volvería a ver…”

Diego también lloraba, con las manos temblorosas.
—“Si no me quieres aceptar, lo entiendo. Solo quería verte una vez. Eres lo único que me queda.”

Lucía cayó de rodillas, abrazándolo con fuerza.
—“Perdóname… Te abandoné sin quererlo. Pero desde ahora nunca más estarás solo.”

La casa entera se llenó de sollozos. Doña Carmen lloraba a mares, viendo cómo la herida de tantos años por fin encontraba consuelo.

Esa tarde, en la humilde casa del pueblo, resonaron risas y llantos mezclados. Una familia que el destino había desgarrado, por fin volvía a reunirse.

Doña Carmen pensó:
“El cielo quiso que se encontraran. La vida es corta, lo importante es que al final todavía tenemos a alguien a quien amar.”

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