Discapacitado solitario era virgen a los 40… hasta que ella pidió refugio por la tormenta

Mujeres que lo veían como el amigo dulce, pero nunca como una opción romántica. compañeras de universidad que aceptaban su ayuda con tareas, pero se reían con sus amigas sobre el chico raro que cree que tiene oportunidad conmigo. Su familia, aunque lo amaba, no había ayudado con su autoestima. Su madre, doña Mercedes, constantemente lo consolaba, diciéndole, “Mi hijo, Dios tiene planes especiales para ti. No todos están destinados para el matrimonio.” Su padre había sido más directo. Alejandro, cancret en tu carrera.

Las mujeres, bueno, son complicadas para hombres como nosotros. La frase hombres como nosotros se había quedado grabada en su mente como una sentencia. Su padre no tenía discapacidad, pero había proyectado sus propias inseguridades sobre su hijo, reforzando la idea de que Alejandro era fundamentalmente diferente, menos deseable. Después de incidente con Patricia, Alejandra había tomado la decisión más drástica de su vida. Se mudaría lejos de todo y todos. usó sus ahorros para comprar la casa en la montaña, un refugio donde no tendría que enfrentar miradas de lástima, susurros a sus espaldas o la constante sensación de ser visto como menos que los demás.

Durante 8 años había construido una vida cuidadosamente aislada. Trabajaba para clientes internacionales por internet, pedía suministros en línea y sus únicos compañeros eran sus perros. Bruno, un pastor alemán ciego que había rescatado. Luna, una mestiza de tres patas y Coco, un bearle sordo. Era irónico. Pensaba a menudo que los únicos seres que lo amaban incondicionalmente también tuvieran discapacidades. Su rutina era predecible y segura. No había rechazos porque no había intent. No había humillación porque no había exposición.

Pero tampoco había alegría real, risas compartidas o la calidez de una conexión humana genuina. Esa noche de noviembre, mientras la tormenta más fuerte en años se acercaba a la montaña, Alejandro no tenía idea de que su mundo cuidadosamente construido estaba a punto de ser transformado por una mujer que vería en lo que la había dejado de ver en sí mismo. Un hombre digno de amor. Elena Castillo nunca había planeado estar perdida en una montaña durante la peor tormenta del año.

A los 34 años era una fotógrafa de vida silvestre que había llegado a la región para documentar el comportamiento de los lobos mexicanos en su hábitat natural. Era una mujer independiente, aventurera, que había viajado por todo el mundo capturando momentos únicos de la naturaleza. Pero esa tarde todo había salido mal. Su GPS había perdido señal. Su camioneta se había veriado a mitad del sendero montañoso y las nubes negras que había estado ignorando finalmente habían descargado su furia.

empapada, con el equipo fotográfico protegido bajo su impermeable y la temperatura descendiendo peligrosamente. Elena había caminado durante dos horas buscando refugio. Cuando finalmente vio las luces de la casa de Alejandro brillando entre los árboles, sintió una mezcla de alivio y nerviosismo. Era pasada las 10 de la noche, estaba empapada hasta los huesos y estaba a punto de tocar la puerta de un extraño en medio de la nada. Alejandro estaba revisando código en su computadora cuando escuchó los golpes en la puerta.

Sus perros se pusieron alerta, pero no ladraron agresivamente, lo que le indicó que no percibían peligro. Con cautela, se acercó a la ventana y vio a una mujer joven, claramente en problemas, temblando bajo la lluvia torrencial. Su primer instinto fue fingir que no estaba en casa. Durante 8 años había evitado cuidadosamente cualquier contacto humano innecesario, pero algo en la postura desesperada de la mujer, despertó su compasión. Después de un momento de vacilación, abrió la puerta. Señorita, ¿está bien?

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.