No vias serias, insistió Elena gentilmente. Alejandro guardó silencio durante tanto tiempo que Elena pensó que no iba a responder. “Nunca he estado con nadie”, admitió finalmente, sin poder mirarla a los ojos. “¿A qué te refieres exactamente?”, preguntó Elena, aunque sospechaba la respuesta. Nunca he besado a una mujer. Nunca he tenido intimidad con nadie. Las palabras salieron en un susurro cargado de vergüenza. Tengo 40 años y soy virgen, Elena. Soy el tipo de hombre que las mujeres ven como un amigo dulce, pero nunca como una opción romántica.
Elena sintió una mezcla de tristeza y ternura que la abrumó. ¿Por qué crees eso? Porque ha sido mi experiencia durante 40 años, respondió Alejandro con una sonrisa amarga. La última vez que me arriesgué a expresar sentimientos por alguien se convirtió en el chiste de la oficina durante semanas. Elena se acercó más a él en el banco donde estaban sentados. Alejandro, mírame. Cuando él finalmente levantó la vista, Elena vio lágrimas no derramadas en sus ojos. “Esas mujeres eran idiotas”, dijo con firmeza.
Mujeres superficiales e inmaduras que no merecían conocer al hombre extraordinario que eres. Elena, no tienes que decir eso para hacerme sentir mejor. No estoy diciendo esto para hacerte sentir mejor, interrumpió Elena. Lo digo porque es verdad. Y lo digo por qué. Hizo una pausa tomando una decisión que cambiaría todo. Porque me he enamorado de ti. Alejandro la miró como si hubiera hablado en un idioma extranjero. ¿Qué? Me he enamorado de ti, Alejandro, de tu gentileza, tu inteligencia, tu humor, de la manera en que cuidas a tus perros, de como me haces sentir segura y valorada.
Me he enamorado del hombre que eres, no a pesar de tu discapacidad, sino de ti como persona completa. Alejandro sintió que el mundo se movía bajo sus pies. Elena, eso no es posible. Tú eres hermosa, exitosa. Podrías tener a cualquier hombre. Pero no quiero a cualquier hombre. dijo Elena tomando su mano izquierda. Te quiero a ti. Lentamente Elena se inclinó hacia él. ¿Puedo besarte?, preguntó en un susurro. Alejandro asintió incapaz de hablar cuando los labios de Elena tocaron los suyos suavemente al principio y luego con más intensidad.
Alejandro sintió que todos los años de soledad y rechazo se desvanecían. Fue su primer beso a los 40 años y fue perfecto. Cuando se separaron, Elena vio lágrimas corriendo por las mejillas de Alejandro. ¿Estás bien?, preguntó preocupada. Más que bien, susurró él. Es solo que nunca pensé que esto me pasaría a mí. Pues te está pasando dijo Elena limpiando sus lágrimas con su pulgar. Y es solo comienzo. Esa noche por primera vez se quedaron dormidos en el sofá, abrazados con los perros acurrucados a sus pies.
Alejandro se despertó varias veces durante la noche, solo para asegurarse de que no había sido un sueño. Pero al amanecer, el miedo comenzó a filtrarse de nuevo en su mente. ¿Qué pasaría cuando de mecánico viniera? Cuando Elena tuviera que regresar a su vida real, ¿podría una mujer como ella realmente estar con alguien como él a largo plazo? El quinto día traería respuestas que Alejandro no estaba seguro de estar listo para escuchar. El quinto día llegó con el sonido de un motor subiendo por el sendero de montaña.
El mecánico, Raúl había logrado llegar hasta la casa de Alejandro después de que las carreteras fueran despejadas. Elena y Alejandro se miraron con una mezcla de alivio y terror. El mundo exterior había regresado a reclamarla. Mientras Raúl trabajaba en la camioneta, Elena y Alejandro se sentaron en el porche, ambos evitando hablar sobre lo obvio. Finalmente, Elena rompió el silencio. Mi editor me está llamando. Tengo una fecha límite para entregar las fotografías de los lobos y después tengo una asignación en Costa Rica.
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