División según la ley, pero no según sus reglas

"Tú... tú lo calculaste todo", susurró.

"No, Andryusha. Lo destruiste todo". Y simplemente dejé de recoger los pedazos con las manos.

Etapa 7. Una ruptura sin gritos y, por primera vez, sin peticiones
Nos sentamos en silencio durante varios minutos.

Por primera vez en nuestros veintiséis años, el silencio no era un castigo. Era una etapa.

Andréi finalmente me miró; ​​ni enojado ni arrogante. Vacío.

"Así que me estás echando."

"Te dejo ir", dije. "Y a ti también."

Quiso decir algo, probablemente lo de siempre: "Te arrepentirás", "¿Quién te necesita?", "Llevamos tanto tiempo juntos...". Pero las palabras se le quedaron, porque esta vez no funcionaban.

Me levanté y fui al armario del pasillo. Saqué una cajita, la misma donde guardaba las llaves de repuesto.

"Aquí tienes las tuyas", dije, dejándolas sobre la mesa. "Mañana puedes venir a buscar tus cosas. No sola. Lleva a un amigo, así todo irá bien. Yo tampoco estaré sola."

Se quedó mirando las llaves.

"No confías en mí."

"Ya no tengo por qué hacerlo", respondí. Se levantó, tomó sus llaves y se detuvo de repente en la puerta.

"¿Y si... si quiero arreglarlo todo?"

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