No por enfado.
No por la necesidad de demostrar nada.
Sino porque hay momentos en la vida en que el pasado y el presente se encuentran de una manera que no se puede ignorar, y este fue uno de ellos.
Diseñé el vestido yo misma.
Cada detalle.
Cada línea.
No para impresionarlos.
Sino para representar todo aquello que una vez habían despreciado.
Y cuando entré en aquel salón de baile, no estaba regresando a su mundo.
Estaba trayendo el mío al suyo.
La verdad que no podían controlar
Mientras el silencio se extendía a nuestro alrededor, Adrian finalmente encontró su voz, aunque salió más baja de lo que pretendía.
—¿Qué haces aquí?
Lo miré a los ojos sin dudarlo.
—Me invitaron.
Mi padre dio un paso más cerca, con la voz más baja y controlada, como siempre lo había hecho cuando creía que la autoridad por sí sola bastaba.
—Deberías irte.
Negué levemente con la cabeza.
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