Etapa 1. La Promesa junto al Río: Cómo Tomaron la Decisión "Correcta" y Creyeron que el Tiempo No los Separaría
"¿Trato hecho?", preguntó Víctor en voz baja, apretándole la mano como si temiera que, si la soltaba, se desvanecería como un sueño.
"Trato hecho", exhaló Tatyana y sonrió, aunque se le hizo un nudo en la garganta. "Volverás, y enseguida... seremos como adultos. Sin estos... estúpidos miedos".
Víctor la atrajo hacia sí, hundiendo la nariz en un mechón de su cabello castaño claro.
"Volveré. ¿Me oyes? Volveré. Y si de repente... si de repente alguien intenta engañarte, espérame. Y yo... te esperaré".
Se quedaron tumbados en la hierba un buen rato. El agua susurraba en la orilla, los pájaros cantaban entre los álamos, y el sol ya se ponía, como si se apresurara: despídanse, niños, la vida tiene su tiempo.
Al día siguiente, la acompañó hasta la parada del autobús, caminando a su lado, alto y torpe, con un remolino negro que le llamaba la atención constantemente. Hablaba poco, pero cuando lo hacía, le hacía vibrar unas cuerdas invisibles bajo la piel.
"Te escribiré cada semana", repetía. "Y tú escribe. No seas perezosa".
"Lo haré", asintió Tanya. "Mi letra es preciosa, tú misma lo dijiste".
Se rió, y fue una risa ligera, como si él no se fuera mañana, ni volviera a su apartamento en una semana, ni se fuera al norte en un mes, donde, dicen, oscurece temprano por las noches y la escarcha se congela en las pestañas.
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