La anciana cerró los ojos.
"Vi cómo desaparecían las cartas. Pensé que sería más fácil así. Lo superarás, encontrarás a alguien más". Pero tú... no.
Tanya sintió frío. No por el viento, sino al darse cuenta de cuánta gente, "amablemente", arruina la vida de los demás.
Se sentó en un taburete.
"Mamá", dijo en voz baja, "ya no viviré en el pasado. Ya soy adulta. Necesito vivir ahora".
Esa mañana, fue al consejo del pueblo a rellenar los formularios para el cuidado de su madre, para las prestaciones, para todo lo que había ahorrado. Luego llamó al hospital del distrito y preguntó por una vacante. Le ofrecieron un puesto, quizás pequeño, quizás difícil, pero en la ciudad. Y por primera vez, la idea no la asustó.
Esa noche, Viktor volvió. No solo, con una bolsa de víveres y medicinas para su madre.
"Es... como una ayuda", dijo sin levantar la vista.
"Gracias", aceptó Tatyana. "Pero no compres la redención". No está a la venta."
Él asintió.
"Lo entiendo."
"Y una cosa más, Vitya", añadió con calma. "No vengas a mí 'en el pasado'. Ven si necesitas ayuda como ser humano. Y vive con tu familia como ser humano también."
Se quedó allí parado como un niño al que finalmente le hubieran explicado algo sencillo.
"Lo intentaré", exhaló.
Paso 7. Tiempo
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