Dos semanas fatídicas: chismes, una carta plantada y un encuentro en la puerta que lo arruinó todo.

Soltando: Cómo el amor permanece, pero deja de ser una cadena
Un mes después, Tanya se mudó a la ciudad. Llevó a su madre con ella, encontró una habitación y lo instaló todo en orden. Fue difícil. Por las noches, quería llorar de cansancio. Pero este era un cansancio diferente, sincero.

A veces, Victor le enviaba mensajes: "¿Cómo está mamá?" "¿Necesitas ayuda?" "Los niños te mandan saludos". No sobreescribía. No pedía una segunda oportunidad. Y en eso residía el respeto que tanto le faltaba en su juventud.

Un día, se encontró con Arkady en la calle: viejo, canoso, con la mirada apagada. Intentó sonreír como antes.

"Tanya...", empezó.

Se detuvo.

"Arkady", dijo con calma. "Sé lo que hiciste entonces. Y no pelearé contigo. Solo diré: por tus juegos, perdí una vida que podría haber vivido de otra manera. Pero sabes... ya no quiero ser tu víctima."

Abrió la boca, pero no encontró palabras.

"Vive", dijo Tanya, y siguió caminando.

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