Dos semanas fatídicas: chismes, una carta plantada y un encuentro en la puerta que lo arruinó todo.

Tatiana se escribió a sí misma. Una cosa. Dos cosas. Tres cosas. Intentó disimularle a su madre lo nerviosa que estaba, pero su madre lo vio todo.

"No te preocupes", dijo, colocando un plato de sopa delante de Tanya. "El deber es el deber".

"No me estoy estresando", respondió Tanya, pero en su interior seguía pensando: ¿y si él... y si se ha desenamorado?

Y entonces apareció Arkady.

Siempre estaba ahí, este Arkashka: ya fuera "ayúdame con mis apuntes", o "llévame la mochila", o "te acompaño a casa, está oscuro". Antes, Tanya no le había prestado atención. Amigos y amigos. Pensaba que Viktor simplemente estaba celoso porque la amaba.

Pero en los días tranquilos, Arkady se volvía especialmente insistente.

"Tanya, estás sola todo el tiempo", dijo, mirándola con derecho a compadecerla. "Al menos dile a alguien que tienes miedo".

"No tengo miedo", respondió Tanya secamente. "Me siento... vacía. Pero se me pasará. Escribirá".

Arkady sonrió:

"Escribirá... Crees demasiado". Y una noche trajo "noticias", silenciosamente, como veneno.

"Tanya... no te desmayes. Tengo un amigo que sirve allí. Dice que Víctor... bueno... no está solo. Está con... una mujer de la unidad. Una cocinera, creo. Dicen que está con ella..."

Tanya palideció tanto que su vista se oscureció.

"Mientes", susurró.

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