Tatiana salió.
Víctor se quedó en la puerta.
Etapa 4. Un encuentro sin palabras innecesarias: cómo el pasado se interpuso entre ellos y el presente pidió ayuda.
La miró como si fuera alguien a quien reconoció a primera vista, pero no sabía si tenía derecho a saludarla.
"Tanya...", exhaló. "Tú... estás aquí".
"Aquí", respondió ella, sorprendida por la calma de su voz. "Así que has vuelto".
Él asintió. Algo parecido a la vergüenza brilló en sus ojos.
"Vengo del norte. Hace mucho tiempo. La casa está aquí..." Señaló su patio con la cabeza. "Todo, como puedes ver."
Quiso decir "felicidades". Quiso decir "sé feliz". Quiso decir mil cosas. Pero tenía un nudo en la garganta.
"Yo..." Victor tosió, como buscando la razón. "Tengo que pedirte un favor. No sé cómo decirlo..."
"Habla", dijo Tanya secamente.
"Maldita sea... eras enfermera, ¿verdad?" Miró más allá de ella, sin atreverse a mirarla a los ojos. "Nuestro hijo menor... tiene fiebre. Mi esposa dice que no necesitamos una ambulancia, pero tiene fiebre. Y yo... tengo miedo. ¿Puedes echar un vistazo? Un buen vecino."
La palabra "buen vecino" era como un compromiso, como un puente para evitar nombrar el presente: por amor, por culpa, por pasado.
Tatyana guardó silencio un segundo y luego, para su sorpresa, asintió.
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