Llamaron a la puerta. Un vecino trajo comida, pero al oír el gemido de Anna, ella misma llamó a una ambulancia.
El médico le examinó el vientre, guardó silencio y la palpó de nuevo. Su rostro se puso pálido.
"¿Cómo viviste para ver este día?", dijo en voz baja.
Llevaron a Anna al hospital e inmediatamente a quirófano.
Cuando el cirujano le abrió el abdomen, se quedó paralizado por un segundo ante lo que vio. 😲😢
Cuando el cirujano le abrió el abdomen, se detuvo. Había un enorme absceso en su interior: una formación purulenta avanzada que llevaba años creciendo. Estaba presionando los órganos y creando una sensación de movimiento.
“Esto no pudo haberse desarrollado en un mes ni siquiera en un año”, dijo el cirujano más tarde. “Tomó al menos varios años. Es imposible no notarlo”.
Anna sobrevivió milagrosamente. Los médicos le dijeron sin rodeos: un poco más y se habría producido una ruptura.
Unos días después, otro médico fue a verla y le preguntó en voz baja:
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