“¿Su esposo sabía del diagnóstico desde hace mucho tiempo?”
Resultó que sí. Le hicieron pruebas, radiografías, etc. Vio lo que sucedía en su interior. Pero lo trató como “gastritis”. No la mandó a hacer pruebas, no insistió en la cirugía.
Más tarde, algo más salió a la luz. Había estado viendo a otra mujer durante mucho tiempo. Y la grave enfermedad de su esposa era una excusa conveniente. Todo parecía natural: ella “se estaba desvaneciendo sola” y él “no podía hacer nada”.
El absceso creció. Y él esperó.
Anna permaneció en la sala un buen rato, sin pensar en el dolor. Pensó en cómo durante todos estos años no solo la habían ignorado, sino que el silencio la había matado lentamente.
Tras ser dada de alta, presentó una denuncia y se divorció.
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