Durante siete años la llamaron “la loca del banco”… hasta que regresó acompañada y la cuenta inexistente hizo temblar al gerente.

Hace siete años, lo mataron en lo que llamaron un robo.
Un disparo.
Un expediente.
Un "caso cerrado" demasiado rápido para ser verdad.

Antes de morir, me dijo algo que no entendí del todo en ese momento:

"Si alguna vez me pasa algo... ve al banco. Pregunta por la cuenta. No te vayas, aunque te digan que no existe".

No entendía de bancos.
Ni de sistemas.
Ni de dinero.

Pero entendía de promesas.

Y entendía de ser madre.
Así que fui.
Todos los meses.
Durante siete años.
Si llovía.
Si me dolía.

Hasta que un martes, algo cambió.

El nuevo gerente me recibió en su oficina. Lo supe por la forma en que su mirada se detuvo en mí, como si hubiera notado algo inesperado.

"¿Esa mujer otra vez?", preguntó. "¿Quién la dejó entrar?".

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