Preguntó el nombre de mi hijo.
Daniel Ortiz Ramírez.
Al escribirlo en su sistema, palideció.
No lo supe entonces, pero había activado una alerta que no debía tocarse.
Cuenta bloqueada por auditoría interna.
Prohibida su divulgación pública.
Ese día, ordenó que no me permitieran entrar más.
Pero la siguiente vez…
No llegué sola.
Llegué con un hombre de traje oscuro.
Con una mujer de mirada firme que llevaba un maletín de cuero.
Y con una carpeta negra sellada.
"Buenos días", dije con calma. "Hoy vengo acompañada".
"Verónica Salgado, Fiscalía Anticorrupción", se presentó. “Raúl Mendoza, abogado”, dijo.
Abrí mi carpeta azul.
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