Salió del coche. Víctor la siguió, gritando:
—¿Crees que alguien te espera? Nadie te quiere, ¿me oyes? ¡Nadie!
Marina salió al patio. Víctor apareció de un salto tras ella, descalzo, en chándal. Vio el taxi, la chaqueta nueva que llevaba puesta, el bolso. Se detuvo.
—¿De dónde salió el dinero? —preguntó en voz baja—. ¿Tienes a alguien?
—No.
—¿Y entonces de dónde salió?
Marina subió al coche. Víctor corrió hacia adelante, tiró del pomo, pero la puerta ya estaba cerrada.
—¡Marina, espera! ¡No era mi intención! ¡Vuelve, no lo volveré a hacer!
El coche arrancó. Víctor corrió tras él y se detuvo en medio del patio, patético, perdido. Marina lo observaba por la ventana trasera: se hacía cada vez más pequeño... hasta que desapareció.
Tres días después, Marina volvió a ver a su padre. Le enseñó sus creaciones: estanterías, pequeños armarios, taburetes. Todo era artesanal.
—¿Vas a seguir trabajando? —le preguntó.
—No sé. Quiero abrir algo propio. Una panadería, quizá.
—¿Sabes hornear pan?
—Veinte años en la fábrica, papá. Claro que sí.
Se le escapó la palabra: *Papá*. Su padre se quedó paralizado y luego sonrió con cautela, como si no le estuviera permitido.
"¿Puedo ayudar?"
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
