Entre esas dos imágenes estuvo la vida: el trabajo, las dificultades, las alegrías sencillas, las pérdidas, los cumpleaños, los silencios compartidos y las risas inesperadas. Aprendieron que el amor no es solo una promesa, sino una elección que se renueva cada día.
Hoy, con 108 y 106 años, ya no necesitan grandes palabras. Su presencia uno al lado del otro es suficiente. Su historia recuerda que el amor verdadero no envejece: se transforma, resiste y atraviesa el tiempo, de la mano.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
