Anna pareció estallar por dentro: ya está.
"Nadya", dijo sin apartar la vista de su suegra, "ve con Lera". Enciérrate en tu habitación.
— Anya…
— Vete.
Nadya se fue.
Anna se dirigió a la puerta, la abrió de par en par y miró a su suegra.
— "Tienes dos minutos para salir de mi apartamento", dijo con voz serena. "Si no, llamaré a la policía. Por tomarte la justicia por tu mano e intentar acceder a los documentos".
La suegra se quedó atónita:
— "¿Me estás... me estás amenazando?"
— "Te lo advierto", asintió Anna. "Aquí ya no habrá más 'como estás acostumbrada'".
Pavel palideció:
— "Anya, ¿de qué estás hablando...? Es mamá…"
— "¿Y qué?" Anna repitió la misma frase de ayer, de otra vida, la que podría haber vivido. "¿Eso le da derecho a humillar a mi hermana y hurgar entre mis cosas?"
La suegra soltó una risa ronca:
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