PARTE 1: EL INVIERNO DEL OLVIDO
La lluvia incesante golpeaba contra las ventanas del ático del Hotel Bellmore, pero no era nada comparado con el frío que sentía Eleanor Vance. A sus setenta años, no temblaba por la edad, sino por la traición.
Se encontraba en el centro de la suite que había sido su hogar durante cuarenta años, frente a las dos personas a las que les había dado todo: sus hijos, Julian y Clarissa.
Julian, vestido con un impecable traje italiano y sosteniendo una copa de champán, evitó su mirada.
"Mamá, no lo hagas más difícil de lo necesario", dijo en un tono que sonaba más corporativo que personal. "La junta ha votado. Tu liderazgo sentimental nos está costando dinero. Necesitamos una visión nueva. Sienna tiene ideas modernas para el Bellmore".
Sienna, la asesora de imagen que sus hijos habían contratado, estaba sentada cómodamente en el sillón favorito de Eleanor, sonriendo con discreta arrogancia. Clarissa, siempre siguiendo el ejemplo de Julian, cerró nerviosamente la cremallera de la maleta de su madre.
“Es por tu bien, mamá”, insistió Clarissa. “La Residencia Golden Sunset es lujosa. Estarás cómoda allí”.
Eleanor miró a su alrededor. Cada ladrillo de este imperio hotelero se había construido con su sacrificio: noches sin dormir tras la muerte de su esposo Thomas, años de dificultades económicas, trabajo incansable para asegurar que sus hijos nunca experimentaran la pobreza que ella padeció.
Y ahora la estaban despidiendo como a una empleada no deseada.
“¿Me están exiliando de mi propia casa?”, preguntó con voz tranquila pero digna.
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