Rió entre dientes. Brevemente, en silencio. "Qué servicio tan interesante. Solo la tía Shura la vio cuando unos comerciantes del mercado la subieron a un camión hace un mes."
A Vera se le encogió el corazón. Comprendió que ya no tenía sentido ocultarlo.
Viktor Pavlovich levantó a Timosha en brazos en silencio, como si no pesara nada, y señaló con la cabeza su todoterreno.
El interior estaba cálido. Olía a tabaco y cuero viejo. Timosha se durmió casi al instante, acurrucada en el asiento trasero. Vera sostenía un vaso de plástico con café caliente en las manos, pero no percibía su sabor.
"Habla", dijo su padre sin girar la cabeza. "Eso es."
Las palabras le salieron pesadas, como si tuviera que sacárselas del pecho.
Boris había perdido su trabajo en primavera. Al principio, insistió en que era temporal. Luego empezó a quedarse hasta tarde cada vez más a menudo "por reuniones". Luego empezó a endeudarse. Pidió vender el coche "temporalmente" para invertir en un "negocio" que supuestamente se esperaba rentable. Prometió devolverlo todo en un mes.
Pasó un mes. El dinero desapareció. Todo resultó ser una farsa. Pero aparecieron nuevos préstamos, registrados a nombre de Vera. Se enteró por casualidad cuando el banco empezó a llamar por impagos.
"¿Y tu suegra?", preguntó Viktor Pavlovich en voz baja.
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