EL BEBÉ DEL MILLONARIO DESPIDIÓ 10 NIÑERAS EN 1 MES, PERO LA EMPLEADA CAMBIÓ TODO CON SUS 3 HIJAS…

“Mira, ¿quieres ver cómo vuela mi muñeca?” Valentina tomó su muñeca vieja y fea de trapo y la hizo volar por el aire haciendo sonidos graciosos. Hugo se quedó pasmado, soltó el camión de $00 y estiró los brazos hacia la muñeca de trapo. Mientras tanto, Sofía, la mayor, se sentó con Paco. Paco estaba tratando de romper un libro.

No, no, así no le dijo Sofía con paciencia de maestra. Mira los dibujos. Este es un perro. ¿Cómo hace el perro? Guau. Guau. Paco la miró fascinado. Nadie le había leído nunca con esa entonación. Valeria nunca les leía. Alejandro tampoco tenía tiempo.

Paco soltó una risita y repitió, “¡Gua!” Y la pequeña Camila, de 4 años se tiró al suelo con Luis. Simplemente rodaron por la alfombra. Se reían a carcajadas. El sonido de la risa infantil pura y cristalina llenó la habitación. Alejandro, mirando desde su monitor en el despacho, sentía que el corazón se le ensanchaba en el pecho. Veía a las hijas de Mariana, niñas que no tenían nada material, enseñándoles a sus hijos que lo tenían todo lo que significaba compartir, jugar y reír.

Veía como Valentina le prestaba su única muñeca a Hugo sin egoísmo. Veía como Sofía le limpiaba los mocos a Paco con un pañuelo de papel con una delicadeza infinita. “Son increíbles”, susurró Alejandro para sí mismo. La diferencia era abismal. Sus hijos, siempre vestidos de marca, siempre rodeados de lujos, eran infelices y agresivos.

Las hijas de Mariana, con sus vestidos sencillos, irradiaban luz, educación y cariño. No es el dinero, pensó Alejandro dándose cuenta de una verdad que le golpeó fuerte. Es el amor. Mariana las ha llenado de amor y yo yo solo he llenado a mis hijos de cosas.

En la pantalla vio como Mariana se sentaba en medio de todos con un bebé en cada pierna y sus hijas alrededor. Parecía un cuadro renascentista, una familia, una familia extraña, remendada, mezclada, pero una familia real. De repente, una sombra cruzó la mente de Alejandro. Recordó a Valeria. Valeria jamás se sentaría en el suelo así. Valeria jamás dejaría que un niño con mocos la tocara.

¿Qué estoy haciendo con mi vida?, se preguntó Alejandro, pero el momento de paz se vio interrumpido. En la pantalla, Alejandro vio que Mariana se levantaba rápido y miraba hacia la puerta de la sala de juegos con cara de susto. Alejandro miró la otra cámara, la del pasillo. Valeria había vuelto antes de su viaje y no venía sola.

Venía con su madre, una señora de la alta sociedad, aún más estirada y clasista que ella, y se dirigían directamente hacia la sala de juegos, guiadas por el ruido de las risas. ¡Oh, ¿qué es ese escándalo?”, se escuchó la voz chillona de Valeria a través del sistema de audio de la cámara. Parece un mercado. Alejandro se levantó de la silla de un salto. Sabía lo que iba a pasar.

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