EL BEBÉ DEL MILLONARIO DESPIDIÓ 10 NIÑERAS EN 1 MES, PERO LA EMPLEADA CAMBIÓ TODO CON SUS 3 HIJAS…
Valeria iba a entrar, iba a ver a las niñas pobres tocando los juguetes caros y iba a arder Troya. Tenía que llegar antes de que Valeria destrozara la magia. Corrió hacia las escaleras. Pero, queridos amigos, a veces ni los millonarios son tan rápidos como la maldad. Cuando Alejandro llegó al pasillo, ya era tarde. La puerta estaba abierta.
Valeria estaba parada en el umbral, mirando con asco a la pequeña Valentina que tenía en brazos a Hugo. “Suéltalo ahora mismo”, gritó Valeria, haciendo que todos los niños saltaran del susto. “No toques a mi futuro hijo con tus manos sucias, mocosa de la calle.” Valentina, asustada, soltó a Hugo, quien cayó sentado y rompió a llorar.
Mariana se puso frente a sus hijas como una leona, con los ojos llenos de lágrimas de rabia, pero con la cabeza alta. A mis hijas no les grita”, dijo Mariana con una voz que hizo temblar el cuarto. El enfrentamiento era inevitable y Alejandro estaba a punto de ver de qué lado estaba realmente su lealtad, si con la mujer que llevaba un anillo de diamantes en el dedo o con la mujer que llevaba el corazón de sus hijos en las manos.
¿Qué hará Alejandro? ¿Defenderá a la empleada y a sus hijas? o dejará que el clasismo de Valeria gane una vez más. Prepárense porque la decisión que tome Alejandro en los próximos minutos cambiará el destino de todos para siempre. Basta. El grito de Alejandro resonó como un trueno en la sala de juegos, cortando el aire tenso que se había formado entre Mariana y Valeria. Todos se congelaron. Los niños dejaron de respirar por un segundo.
Valeria, que tenía el dedo levantado acusatoriamente hacia la pequeña Valentina, se giró hacia su prometido con una sonrisa falsa, cambiando su máscara de bruja a víctima en una fracción de segundo. “Mi amor, qué bueno que llegaste”, exclamó Valeria caminando hacia él con pasos teatrales, llevándose una mano al pecho. Tienes que sacar a esta gente de aquí inmediatamente.
Mira lo que han hecho. Han traído a estas niñas sucias de la calle, llenas de gérmenes, para manosear los juguetes de colección de tus hijos. Es un atentado contra la salud de los bebés. Mi madre y yo estamos horrorizadas. Alejandro no la miró. Sus ojos pasaron por encima del hombro de Valeria y se clavaron en la escena detrás de ella.
Mariana, de pie con la dignidad de una reina, protegiendo con su cuerpo a sus tres hijas que temblaban de miedo. Y en el suelo Hugo, su hijo, lloraba no porque le hubieran hecho algo malo, sino porque la mujer, que decía ser su futura madre le había gritado. Alejandro avanzó, ignorando los brazos abiertos de Valeria y se arrodilló frente a Valentina.
La niña de 6 años abrazaba su muñeca de trapo contra su pecho con los ojos llenos de lágrimas contenidas. ¿Te asustaste?, preguntó Alejandro con una suavidad que Mariana nunca le había escuchado. Valentina asintió tímidamente sin soltar la falda de su madre. “Ellas no hicieron nada malo, señor”, intervino Mariana con la voz firme, aunque el corazón le latía a mil por hora. Valentina solo estaba jugando con Hugo. Él se estaba riendo.
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