EL BEBÉ DEL MILLONARIO DESPIDIÓ 10 NIÑERAS EN 1 MES, PERO LA EMPLEADA CAMBIÓ TODO CON SUS 3 HIJAS…

El bebé soltó un alarido de dolor que fue diferente al llanto de berrinche. Fue un grito de dolor físico. Mariana, que estaba limpiando una esquina, lo vio todo. El tiempo se congeló. La sangre le hirvió en las venas. Olvidó que era la empleada. Olvidó que necesitaba el trabajo. Era una madre viendo un abuso.

“Señorita! exclamó Mariana dando un paso al frente con los ojos echando chispas. No le haga eso, es un bebé. Valeria se giró lentamente colgando el teléfono. Su mirada era de hielo puro. ¿Qué dijiste, gata igualada?, preguntó Valeria, acercándose a Mariana peligrosamente.

Vi que lo pellizcó, dijo Mariana temblando, pero no de miedo, sino de indignación. El niño solo quería un abrazo, no tiene por qué lastimarlo. Valeria soltó una carcajada seca, sin alegría. ¿Tú crees que a alguien le importa lo que tú veas, sirvienta? Siceó Valeria, acercando su cara perfecta y maquillada a la cara lavada de Mariana. Alejandro está abajo, desesperado.

Si yo bajo ahora mismo y le digo que tú fuiste la que lastimó al niño, ¿a quién crees que va a creer? a su futura esposa de alta sociedad o a la limpiadora que nadie sabe ni cómo se llama. Mariana apretó los puños. Las uñas se le clavaron en las palmas. Sabía que Valeria tenía razón. El mundo era injusto. El mundo siempre había sido injusto con mujeres como ella.

Piénsalo bien”, continuó Valeria disfrutando el momento. “¿Tienes tres hijas?” No, sería una lástima que te despidieran sin recomendación y no tuvieras que darles de tragar esta semana. Así que cierra la boca, limpia este chiquero y lárgate. Valeria dio media vuelta y salió del cuarto, dejando a Mariana con el corazón roto y la dignidad pisoteada. Mariana miró a los bebés.

Los tres la miraban ahora y Pando, con los ojos llenos de lágrimas, esperando ver qué haría esa mujer extraña. “Lo siento, lo siento tanto”, susurró Mariana, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla. “Les prometo que esto no se va a quedar así.

” Mariana no sabía cómo ni cuándo, pero juró en ese momento que protegería a esos niños, aunque le costara el trabajo. Lo que ella no sabía, queridos espectadores, es que ese juramento silencioso estaba a punto de cambiar no solo el destino de esos bebés, sino el de toda la mansión Santoro. Porque a veces la fuerza más grande no viene de una cuenta bancaria, sino del corazón de una madre ofendida.

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