EL BEBÉ DEL MILLONARIO DESPIDIÓ 10 NIÑERAS EN 1 MES, PERO LA EMPLEADA CAMBIÓ TODO CON SUS 3 HIJAS…

Llegó al pasillo de la planta alta y se detuvo en seco frente a la puerta del cuarto de los niños. Estaba a punto de entrar de golpe, pero algo lo detuvo. Una melodía suave, una voz de mujer cantando bajito, casi un susurro. Alejandro contuvo la respiración.

Empujó la puerta apenas unos milímetros, lo suficiente para mirar sin ser visto. Lo que vio lo dejó paralizado. Vio a sus tres hijos. sus terremotos, durmiendo plácidamente como no lo hacían desde que su madre vivía. Y en medio de la penumbra vio a la chica de la limpieza, esa mujer cuyo nombre apenas recordaba.

Estaba sentada acariciando la cabeza de uno de los bebés a través de los barrotes, tarareando el final de la canción. La luz de la lamparita iluminaba el perfil de Mariana. Alejandro notó por primera vez lo delicada que era su nariz, la curva suave de su cuello y la expresión de infinita bondad en su rostro.

No había irritación, no había prisa en ella, solo había una entrega genuina. Alejandro sintió un nudo en la garganta, una mezcla de vergüenza y alivio. Había gastado miles de dólares en agencias, en psicólogas, en expertas internacionales y la solución había estado todo el tiempo ahí con una cubeta y un trapeador cobrando el salario mínimo. Mariana bostezó discretamente, se levantó con cuidado de no hacer ruido al pisar la madera y se dispuso a salir.

Alejandro, dándose cuenta de que lo iban a descubrir espiando, retrocedió rápidamente hacia las sombras del pasillo. Mariana salió, cerró la puerta con una suavidad experta, suspiró profundamente cansada, tomó su trapeador y se dirigió hacia las escaleras de servicio. Alejandro se quedó ahí en la oscuridad mirando la puerta cerrada de sus hijos.

Por primera vez en meses podía escuchar sus propios pensamientos. Por primera vez en meses sintió que tal vez, solo tal vez no todo estaba perdido. Pero la paz dura poco en las telenovelas, amigos míos, porque mientras Alejandro descubría un ángel en su casa, el también tiene oídos. Desde la habitación de huéspedes la puerta se abrió una rendija. Un ojo maquillado y frío observaba.

Valeria también había escuchado el silencio. Valeria también se había despertado y aunque no había visto a Mariana dentro del cuarto, había visto a Alejandro espiando con esa cara de bobo enamorado. Y si hay algo más peligroso que una mujer ambiciosa, es una mujer ambiciosa que siente que su territorio está amenazado.

Valeria cerró la puerta de su cuarto despacio con una sonrisa torcida dibujándose en su rostro. Así que te gustan las sirvientas, Alejandro, susurró Valeria en la oscuridad. Vamos a ver cuánto te dura el gusto. Alejandro volvió a su despacho, pero ya no miró los contratos. Se sentó y escribió una nota mental.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.