No quiero ser la razón por la que te alejes de tu familia. Las madres son difíciles de reemplazar, pero las novias van y vienen. Rodrigo la abrazó más fuerte. Paloma, tú no eres mi novia, eres mi compañera de vida, la madre que Santiago eligió para sí mismo, la persona con la que quiero envejecer.
Mi madre tendrá que aceptar eso o tendrá que aceptar que su rigidez la mantendrá alejada de las personas más importantes de mi vida. Fue en ese momento cuando Rodrigo tomó una decisión que había estado contemplando durante semanas. Se incorporó en la cama, tomó las manos de paloma entre las suyas y le hizo la pregunta que cambiaría todo para siempre. Paloma Herrera, ¿te casarías conmigo? No por conveniencia, no para resolver problemas sociales, sino porque no puedo imaginar un solo día de mi futuro sin ti en él.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de paloma, mientras Santiago, como si supiera que algo importante estaba sucediendo, se despertó y se acurrucó entre ellos, completando el círculo perfecto de la familia que habían creado contra todas las probabilidades. Sí, Rodrigo, si quiero casarme contigo.
La noticia del compromiso se extendió rápidamente por ambos mundos de la pareja. En el círculo empresarial de Rodrigo, las reacciones variaron desde el shock hasta la abierta desaprobación. Algunos socios cuestionaron abiertamente si su juicio empresarial también se había visto comprometido por sus decisiones emocionales.
Sin embargo, los resultados financieros de la empresa habían mejorado significativamente desde que Rodrigo había comenzado a enfocarse en proyectos con impacto social, atrayendo inversionistas que valoraban la responsabilidad corporativa. En el mundo de Paloma la respuesta fue completamente diferente. Sus compañeros de la fundación, sus vecinos e incluso sus compañeros de clase la celebraron con una alegría genuina que contrastaba dramáticamente con la frialdad del círculo social de Rodrigo. Para ellos no era una historia de una mesera que había pescado a un
millonario, sino la historia de una mujer extraordinaria que finalmente había encontrado a alguien que reconocía su verdadero valor. La madre de Paloma, una mujer trabajadora que había criado a cinco hijos con el salario de una empleada de limpieza, inicialmente se sintió intimidada por la idea de que su hija se casara con alguien tan rico.
Sus preocupaciones no eran sobre la compatibilidad social, sino sobre si Paloma sería realmente feliz en un mundo tan diferente al suyo. La conversación más importante llegó una tarde cuando Rodrigo visitó a la familia de Paloma en su casa de Nesagualcoyotl. Había insistido en ir solo, sin chóer ni autolujoso, tomando el mismo transporte público que Paloma usaba diariamente.
La experiencia de viajar hora y media en metro y autobús le dio una perspectiva completamente nueva sobre los sacrificios diarios que ella había hecho durante años para trabajar en el elegante restaurante de Polanco. La casa de la familia Herrera era pequeña, pero impecablemente limpia y llena de amor.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías familiares, dibujos de los nietos y certificados de reconocimiento que Paloma había recibido por su trabajo voluntario. En la sala principal había un altar dedicado a Miguel, el hermano fallecido, con velas, flores frescas y fotografías que mostraban a un joven sonriente con sueños en los ojos.
La madre de Paloma, doña Carmen, recibió a Rodrigo con una mezcla de curiosidad y protectividad maternal. Durante la cena familiar donde compartieron guisados caseros que Rodrigo declaró más deliciosos que cualquier comida de restaurante cinco estrellas, él pudo observar la dinámica familiar que había moldeado a la mujer de la que se había enamorado.
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