El bebé del millonario se atragantaba desesperado, hasta que una mesera tímida hizo lo impensable…

Sin embargo, las diferencias sociales entre ellos creaban una tensión constante que ninguno de los dos mencionaba directamente, pero que ambos sentían profundamente. Paloma seguía trabajando en Leardan Doré durante las noches, sirviendo a clientes que la trataban como mueble invisible, mientras que durante los días compartía momentos significativos con un hombre que podría comprar el restaurante completo sin afectar sus finanzas.

Un viernes por la noche, Rodrigo decidió cenar en el restaurante. No había sido una decisión planeada. Simplemente había terminado una reunión de negocios cerca del lugar y sintió el impulso de ver a Paloma en su ambiente laboral. Cuando entró al elegante establecimiento, inmediatamente notó cómo cambiaba su postura, su expresión, toda su presencia.

Aquí era nuevamente la mesera tímida que evitaba el contacto visual. y mantenía una distancia profesional impecable. Durante la cena, Rodrigo observó como otros clientes trataban a Paloma. Algunos la ignoraban completamente, otros le hablaban con un tono condescendiente que lo molestó profundamente.

Una pareja de mediana edad se quejó ruidosamente porque su orden había tardado 5 minutos más de lo esperado, dirigiéndose a Paloma con una rudeza que hizo que Rodrigo apretara los puños bajo la mesa. Después de terminar su cena, Rodrigo esperó en el estacionamiento hasta que el restaurante cerró. Cuando Paloma salió caminando hacia la parada de autobús con su uniforme guardado en una bolsa de tela, él se acercó con su auto y le ofreció llevarla a casa.

La conversación durante el trayecto fue incómoda, llena de silencios pesados y comentarios superficiales sobre el clima. Paloma vivía en una pequeña casa de interés social en Nesaalcoyotl, a más de una hora de distancia del restaurante. Mientras recorrían calles que él jamás había transitado, pasando por mercados populares, puestos de tacos en las esquinas y familias enteras sentadas en las banquetas disfrutando la frescura de la noche, Rodrigo se dio cuenta de que no conocía realmente la ciudad donde había nacido y construido su imperio. Cuando llegaron frente a la casa de Paloma, ella se bajó

rápidamente, claramente incómoda por la situación. Pero antes de que pudiera entrar, Rodrigo bajó también del auto y la llamó, “Paloma, espera, hice algo malo. Siento que algo cambió entre nosotros hoy.” Ella se detuvo, sus hombros tensos, sin voltearse a mirarlo. “No hiciste nada malo, Rodrigo.

Es solo que a veces olvido quién soy cuando estoy en la fundación contigo. Hoy me recordé. ¿Qué quieres decir con eso?” Finalmente se volteó y en sus ojos él pudo ver una mezcla de dolor y determinación. Soy una mesera, Rodrigo. Gano en un mes lo que tú gastas en una botella de vino. Vivo en una casa de tres cuartos que compartimos cinco personas.

Tomo tres camiones para llegar al trabajo porque no tengo auto. Esa es mi realidad, pero eso no importa, al menos no para mí. Paloma sonríó con tristeza. Claro que importa. Importa cuando tus amigos empresarios se enteren de que estás interesado en la mesera. Importa cuando tu familia te pregunte qué tienes en común con alguien que no terminó la universidad.

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