Importa cuando te des cuenta de que yo nunca podré ser parte de tu mundo real. Las palabras de Paloma golpearon a Rodrigo como una bofetada de realidad. había estado viviendo en una burbuja, creyendo que las diferencias sociales podían superarse simplemente con buenas intenciones. Pero ella tenía razón.
Él no había pensado en las implicaciones prácticas de sus sentimientos, en las miradas de juicio que ella tendría que soportar, en la incomodidad que ambos experimentarían al intentar navegar mundos tan diferentes. Yo no te veo como la mesera paloma. Te veo como la mujer que salvó a mi hijo, como alguien que me ha enseñado más sobre la vida en unas semanas de lo que aprendí en 35 años.
Y yo te veo como un hombre bueno que está confundiendo gratitud con algo más profundo. Su voz se quebró ligeramente. Rodrigo, yo también siento algo especial cuando estamos juntos, pero no puedo permitirme soñar con cosas que no son para mí. Esa noche Rodrigo regresó a su penouse sintiendo un vacío que no había experimentado antes.
Se sentó en el cuarto de Santiago observando a su hijo dormir pacíficamente y se dio cuenta de que Paloma había tocado un punto crucial. ¿Qué tenía realmente para ofrecerle más allá de una vida cómoda económicamente, pero llena de compromisos sociales que podrían hacerla sentir fuera de lugar? Durante los siguientes días, la tensión entre ellos en la fundación se volvió palpable.
Paloma mantenía una distancia profesional cordial, participando en las actividades, pero evitando conversaciones personales. Rodrigo, por su parte, luchaba entre respetar sus deseos de mantener la distancia y el impulso creciente de demostrarle que sus diferencias socioeconómicas no tenían que ser una barrera insuperable.
El punto de quiebre llegó cuando Santiago se enfermó con una fiebre alta durante un fin de semana. Rodrigo, presa del pánico, llamó a Paloma desesperadamente. Ella llegó a su penhouse sin dudarlo un segundo, olvidando todas las barreras y diferencias sociales ante la posibilidad de que el bebé necesitara ayuda.
Durante esas horas, cuidando juntos a Santiago, ambos se dieron cuenta de que lo que sentían el uno por el otro iba mucho más allá de la gratitud o la confusión emocional. Era amor real, profundo y complicado por circunstancias que ninguno de los dos sabía exactamente cómo superar. Santiago se recuperó de la fiebre después de dos días intensos que pusieron a prueba no solo la resistencia física de Rodrigo y Paloma, sino también la fortaleza de las barreras emocionales que habían intentado construir entre ellos. Durante esas 48 horas. Cuidando
turnos para monitorear la temperatura del bebé, preparando compresas frías y manteniendo vigilia nocturna, ambos se dieron cuenta de que funcionaban como un equipo natural, complementándose de una forma que iba más allá de cualquier diferencia social o económica. La noche que Santiago finalmente durmió tranquilo, con la fiebre completamente controlada, Rodrigo y Paloma se encontraron solos en la sala de estar del penouse.
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