Emily susurró: “Si te arrepientes de haberte casado conmigo…”
“Me arrepiento de juzgar a una mujer por rumores en lugar de por su valentía”, dijo Nathan con firmeza.
“No solo criaste tres hijos”, añadió. “Salvaste tres vidas.”
Y en ese momento, el director ejecutivo comprendió algo que ninguna junta directiva le había enseñado jamás:
La verdadera riqueza no reside en lo que posees, sino en a quién proteges cuando el mundo se aleja.
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