Mi madre tuvo que aceptar que proteger secretos puede destruir más que cualquier escándalo público. Nuestra relación cambió; ya no era la madre infalible, sino una mujer que también se equivocó. Con el tiempo, aprendimos a mirarnos sin fingir.
Hoy, cuando recuerdo mi boda, no pienso en el vestido arruinado ni en los gritos. Pienso en el momento en que abrí los ojos. A veces, los eventos más dolorosos no llegan para arruinarnos la vida, sino para evitar que sigamos viviendo una mentira.
Si tú hubieras estado en mi lugar, ¿habrías continuado con el matrimonio o habrías tomado la misma decisión que yo? Te leo en los comentarios, porque compartir nuestras experiencias también puede ayudar a otros a no callar verdades que tarde o temprano siempre salen a la luz.
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