Con ventanales que daban al bullicio de Leample. Cristina se acomodó en la silla de cuero color terracota frente al escritorio de Nogal macizo, mientras Elena organizaba nerviosamente una montaña de papeles y facturas.
El aroma a café recién hecho no conseguía disimular la tensión que flotaba en el ambiente. Elena, una mujer de 45 años con el pelo castaño recogido en un moño impecable y gafas de montura dorada.
Había sido la gestora de confianza de la familia durante casi una década. Conocía cada euro que entraba y salía de las cuentas, cada inversión, cada gasto. Por eso su llamada urgente había alarmado tanto a Cristina.
Antes de empezar, dijo Elena sirviéndose un vaso de agua con manos temblorosas. Necesito que sepas que jamás habría permitido esto si hubiera sabido lo que estaba pasando de verdad. Cristina frunció el ceño, sintiendo como su hijo se movía inquieto en su vientre, como si también percibiera la gravedad del momento.
Elena, me estás asustando. ¿Qué has descubierto? La gestora abrió una carpeta color burgundí y extrajo varios extractos. bancarios marcados con postits amarillos. Esta mañana, después de tu llamada sobre el divorcio, decidí revisar todas las cuentas para preparar el informe patrimonial final y encontré irregularidades.
¿Qué tipo de irregularidades? Elena señaló una línea marcada en el extracto de septiembre. Transferencias. Damián ha estado haciendo transferencias mensuales desde la cuenta empresarial a una cuenta personal que no está registrada bajo su nombre.
El corazón de Cristina se aceleró. Después de todo lo vivido en el juzgado, aún había más sorpresas. ¿Cuánto dinero estamos hablando? En los últimos 8 meses, unos 45,000 € Elena pasó las páginas mostrando cada transferencia marcada.
Siempre el día 15 de cada mes, siempre la misma cantidad, 5,625 €. Cristina sintió cómo se le secaba la boca. Esa cantidad no era casual, era exactamente el salario mensual que ella ganaba en el centro de salud.
¿A nombre de quién está la cuenta receptora? Elena dudó un momento antes de responder. Ru Díaz Moreno. El silencio que siguió fue tan denso que parecía tener peso propio. Cristina se recostó en la silla procesando la información.
Durante meses, mientras ella trabajaba dobles turnos en el centro de salud para ahorrar dinero para el bebé, su marido había estado regalando el equivalente a su salario completo a su amante.
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