El día que debía volver a casarme, mi esposo irrumpió de repente en el camerino y me agarró del brazo, susurrando presa del pánico: «Cancela la boda. Llévate a nuestra hija y vete, ahora mismo».

El día en que se suponía que me volvería a casar debería haber sido tranquilo y alegre.
El camerino del hotel de San Sebastián estaba inundado de una suave luz blanca, flores frescas cubrían cada superficie y podía oír el murmullo distante de los invitados bebiendo champán. Mientras me ajustaba el velo en el espejo, pensé en cuánto había sobrevivido desde que mi primer matrimonio se vino abajo, y en cómo este día estaba destinado a ser un nuevo comienzo.

Entonces la puerta se abrió de golpe.

Daniel, mi esposo, entró furioso sin llamar y la cerró de golpe tras él. Me agarró del brazo, no con dolor, sino con la urgencia de quien intenta salvar a otra persona del borde del desastre.

"Cancela", susurró. "Llévate a nuestra hija y vete. Ahora".

Su voz no sonaba enfadada.

Sonaba aterrorizada.

"¿De qué estás hablando?", pregunté con el corazón acelerado. "Daniel, ¿qué pasa?".

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.