Una semana después del incidente, Raúl fue llamado a una reunión con los ejecutivos de Televisa. Entró confiado. Después de todo era el rey. Su programa generaba millones. No podían despedirlo. Salió dos horas después, pálido, derrotado. Siempre en domingo continuaría, pero Raúl tomaría un descanso temporal para reflexionar y pasar tiempo con su familia. Todos sabían lo que significaba. Estaba terminado. El reemplazo llegó dos semanas después. un conductor joven, carismático, que trataba a sus invitados con respeto. Los ratings subieron.
La gente se dio cuenta de algo. No extrañaban a Raúl en absoluto. Raúl intentó regresar varios meses después. Televisa le dio un programa de radio. De madrugada, 2 de la mañana. El horario donde ponen a los que ya no importan. Duró 6 meses antes de que lo cancelaran por bajos ratings. Mientras tanto, María Félix se convirtió en un icono aún más grande. Las revistas la entrevistaban constantemente, no sobre el incidente. Ella se negaba a hablar de eso.
“Ya dije todo lo que tenía que decir”, respondía cuando le preguntaban, pero su silencio decía más que mil palabras. No necesitaba seguir atacando a Raúl. Él ya estaba caído y María Félix no pateaba a los caídos, no hacía falta. En 1982, 4 años después del incidente, un periodista joven consiguió una entrevista exclusiva con Tant María. Era para una revista cultural. Hablaron de su carrera, sus películas, su vida. Al final el periodista se atrevió. Señora Félix, tengo que preguntar.
Lo de Raúl Velasco. ¿Se arrepiente? María lo miró. Esos ojos que habían visto todo, que no se asustaban de nada. ¿De qué debería arrepentirme? ¿De de haber sido tan dura con él? ¿De haberlo humillado en público? María se recostó en su silla. ¿Sabes qué es lo gracioso de esa pregunta? Que nadie le preguntó a Raúl si se arrepentía de intentar humillarme primero. Nadie le preguntó si se arrepentía de todos los comentarios sobre mi edad, mi relevancia, mi vida.
El periodista tragó saliva. Cuando un hombre ataca a una mujer en público, es entretenimiento, continuó María. Cuando una mujer se defiende es crueldad, sonríó fría, no joven, no me arrepiento ni un segundo. Y si pudiera volver atrás, haría lo mismo. Lo haría peor, dijo María. Y el periodista supo que no estaba bromeando, pero había algo que nadie sabía, algo que solo tres personas en el mundo conocían, un secreto que cambiaría toda la historia. Dos meses después del incidente, María recibió una carta sin remitente, dejada en la puerta de su casa.
Adentro una sola hoja escrita a mano, tinta negra. Querida María, gracias. No sabes lo que hiciste por mí, por todas nosotras. Firmado, una de las niñas asustadas. María guardó esa carta, la puso junto a la que Raúl le había escrito 23 años atrás. Dos cartas. dos épocas, dos versiones del mismo hombre y supo que había hecho lo correcto. Los años pasaron. Raúl Velasco nunca volvió a la cima. Intentó varios proyectos, un programa de entrevistas en un canal pequeño.
Fracasó, un especial de fin de año. Nadie lo vio. Incluso intentó escribir un libro. Mi verdad sobre María Félix. Ninguna editorial quiso publicarlo. En 1987, 9 años después del incidente, Raúl estaba en un bar de la zona rosa. Eran las 2 de la mañana. Estaba borracho, como casi todas las noches. Un hombre se le acercó. Cincuentón. Traje caro. Raúl no lo reconoció. Raúl Velasco preguntó el hombre. ¿Quién pregunta? Alguien que tiene algo que decirte. Raúl Río Amargo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
