El esposo obligó a su esposa a abortar al bebé para poder estar más libre con su amante. Pero ella eligió dejarlo todo, huyó a Cebú y en secreto dio a luz a gemelas. Siete años después, regresó con sus hijas para que su exmarido sintiera el castigo en cada paso.

Meses después, Mariel y las gemelas regresaron a Cebú. Adrián se quedó atrás: delgado, callado, y visitando todos los días la fundación que llevaba su nombre. Escuchaba las historias de mujeres a quienes sus esposos habían abandonado, tal como él lo había hecho con Marites.

Una tarde, Amihan le preguntó a su madre:
—“Mamá, ¿por qué no podemos llamarle papá?”

Mariel acarició el cabello de las gemelas, sonriendo:
—“Porque él no nos eligió antes. Pero yo, yo nunca las dejé. Así que con que me llamen mamá, es suficiente.”

Y ahí termina la historia: no con un grito de ira, sino con el silencio de una mujer fuerte. Eligió luchar por su dignidad y convirtió su propia fortaleza en su arma.

Ella es la mujer que una vez fue abandonada, pero que al final se levantó y probó la justicia.

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