El frío de la mañana de ese día no tenía nada en común con el acogedor invierno de

La hermana menor siempre había sabido ser conveniente. Indefensa cuando la necesitaban. Encantadora cuando era ventajosa. Dura cuando era segura. Sus padres lo llamaban carácter. Olivia conocía otra palabra, pero nunca la decía en voz alta.

El rostro de Victor Hale cambió casi imperceptiblemente, pero el aire en el coche se volvió más denso, como antes de una tormenta. No pidió pruebas. No dio más detalles. Su silencio se convirtió en una decisión.

La puerta se abrió.

Olivia subió al cálido coche, abrazando al bebé. El calor le quemaba la piel casi dolorosamente. El aroma a cuero caro y colonia le parecía extraño, como el recuerdo de otra vida.

La bicicleta yacía en la nieve. Pequeña, oxidada, indeseada. Le parecía que dejaba atrás no solo un objeto, sino una versión de sí misma que se había acostumbrado a soportar.

El coche empezó a moverse.

El abuelo guardó silencio un buen rato. Sus manos descansaban inmóviles sobre el reposabrazos, pero la tensa línea de sus hombros delataba una rabia contenida. Miró por la ventana, hacia las calles invernales, ante las que pasaba rápidamente su mundo ideal y controlado.

Olivia pensó en la casa de sus padres. En cómo los recibirían. Cómo empezarían a hablar con calma, sensatez y convicción. Con qué facilidad convertirían la verdad en histeria y el dolor en ingratitud.

Con demasiada frecuencia se había encontrado en el papel de la que "se equivocó".

Finalmente, el abuelo habló. Su voz era tranquila, pero con cierta pesadez.

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