“Señor Montenegro”, respondió ella. Acepto sus disculpas, pero necesito que entienda algo. Hace 23 años, cuando yo era limpiadora e intenté abrir mi primera cuenta, fui tratada exactamente como usted me trató, con desprecio, con humillación, y aquello casi me destruyó, casi me hizo renunciar a mis sueños. Pero no me rendí, continuó Elena, su voz ganando fuerza. Construí un negocio desde la nada. He ayudado a decenas de personas a cumplir sus propios sueños. Hoy doy empleo directo a más de 140 personas e indirectamente a muchas más.
Y todo eso lo logré porque a pesar de las humillaciones, nunca dejé de creer en mi propio valor. Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran, pero cuántas personas sí se rinden. Cuántos talentos se pierden porque alguien como usted los juzga por su apariencia. ¿Cuántos sueños mueren en la puerta de un banco porque un gerente decide quién es digno y quién no? La sala quedó en un silencio absoluto. El presidente Valdés tenía los ojos húmedos. El señor Valdés recuperó la compostura.
Señor Montenegro, dijo con una autoridad inquebrantable, queda usted suspendido de sus funciones por 30 días sin sueldo. Durante este periodo deberá asistir a un programa obligatorio de reeducación en ética, atención al cliente y diversidad. Al finalizar, su caso será reevaluado. Si en el futuro recibimos una sola queja más en su contra, será despedido por causa justificada. ¿Ha quedado claro? Sí, señor, ha quedado claro, respondió Ricardo. Su voz embargada por la emoción. Puede retirarse. Ricardo se levantó, dirigió una última mirada de arrepentimiento a Elena, murmuró un lo siento y salió de la sala con los hombros caídos.
Era un hombre quebrado, pero quizás por primera vez un hombre honesto. Tras la salida de Ricardo, el presidente Valdés se levantó y caminó hacia la ventana. Este banco tiene más de 100 años de historia”, comenzó. Su voz teñida de melancolía fue fundado por mi abuelo, pero en los últimos años nos hemos perdido. Nos convertimos en una entidad técnicamente perfecta, pero humanamente vacía. Cifras excelentes, pero clientes insatisfechos. Mariana Costa añadió, “Hemos intentado implementar cambios, cursos de empatía, pero el problema es cultural.
Se juzga a la gente por lo que aparenta tener, no por lo que es. El director jurídico corroboró con datos. Hemos perdido cientos de clientes discretos y exitosos como usted que se sienten juzgados. Es un patrón alarmante que está dañando la esencia de nuestra institución. Alejandro Valdés se volvió hacia Elena. Su mirada era directa y sincera. Señora Vargas, no la he traído aquí solo para resolver este incidente. La he traído porque necesito su ayuda. Elena lo miró sorprendida.
Mi ayuda. Sí, confirmó el presidente. Usted ha construido un imperio superando prejuicios y ha mantenido sus valores intactos. Usted es exactamente la voz que este banco necesita escuchar desesperadamente. Mariana Costa continúa la propuesta. Estamos reestructurando no solo nuestras finanzas, sino nuestra filosofía. Queremos invitarla a formar parte de nuestro nuevo Consejo Consultivo de Clientes, un grupo de 12 personas que nos ayudarán a redefinir nuestras políticas desde una perspectiva humana. Su experiencia sería inestimable para nosotros. Le entregaron una carpeta con la propuesta formal.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
