Elena la leyó. Era un cargo serio, con reuniones trimestrales y una remuneración simbólica. “Pero yo no tengo formación en finanzas”, dijo dudando. “Precisamente por eso es perfecta”, interrumpió Mariana con amabilidad. “No necesitamos más teóricos. Necesitamos gente real, con experiencia real, que sepa lo que es luchar y lo que significa ser tratado con dignidad.” El presidente hizo una llamada y minutos después Sofía, la cajera, entró tímidamente en la sala con lágrimas en los ojos, se disculpó con Elena por no haberla defendido y le entregó un sobre.
Dentro estaban los nombres de otros siete clientes que habían sufrido humillaciones similares. Elena sintió una profunda emoción al ver la valentía de Sofía. El presidente Valdés, impresionado por su integridad, también la invitó a unirse al consejo, representando la perspectiva de los empleados. Sofía aceptó atónita. En ese momento, Elena supo lo que tenía que hacer. Ya no se trataba de ella, sino de crear un cambio duradero. Acepto el puesto en el consejo, anunció, pero bajo tres condiciones. Todos en la sala la escucharon con la máxima atención.
Primero, el programa de reeducación de Ricardo será obligatorio para todos los gerentes. Segundo, se creará un canal de denuncias anónimo y externo. Tercero, parte de los beneficios del banco se destinarán a un fondo de microcrédito para emprendedores de bajos recursos. El presidente no solo aceptó todas las condiciones, sino que anunció que el fondo llevaría su nombre. Fondo de microcrédito Elena Vargas. Tres semanas después, los cambios ya eran visibles. Ricardo cumplía su suspensión en un programa siu intensivo donde escuchaba testimonios de personas discriminadas por bancos, una experiencia que lo transformó profundamente.
Elena, por su parte, contactó personalmente a los siete clientes de la lista de Sofía, escuchó sus historias y les ofreció el apoyo del banco. El canal de denuncias ya estaba operativo y había empezado a destapar problemas que antes permanecían ocultos. La transformación del Banco Solario no era una campaña de marketing, era una revolución silenciosa que nacía desde 1900 dentro. El Fondo de Microcrédito Elena Vargas comenzó a operar con una dotación inicial de medio millón de euros. El primer beneficiario fue un joven mecánico de 24 años que soñaba con abrir su propio taller.
Recibió un préstamo de 30,000 € con unas condiciones justas que ningún otro banco le había ofrecido. Elena supervisó personalmente el proceso, asegurándose de que recibiera no solo el dinero, sino también el asesoramiento necesario. Al cumplirse los 30 días, Ricardo no regresó a su antiguo puesto. fue reasignado como coordinador en la sucursal del barrio obrero con un sueldo reducido y unas responsabilidades completamente diferentes. Ahora, su trabajo consistía en ayudar a la gente humilde que antes despreciaba. En su primer día, una señora con uniforme de limpiadora entró para abrir una cuenta de ahorros.
Ricardo sintió un escalofrío al recordar a Elena. Se levantó, le ofreció una silla y la trató con una amabilidad y paciencia que sorprendieron a la mujer. Al final de la jornada llamó a Elena. Señora Vargas, soy Ricardo. Hoy atendí a una limpiadora y en ella la vi a usted. Entendí el daño que hice. No le pido perdón porque no lo merezco, pero quiero que sepa que estoy intentando ser un hombre diferente. Todos merecemos una segunda oportunidad, Ricardo respondió Elena.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
