Morales ofrecía una vista panorámica del distrito financiero. Eran las 9 de la mañana del miércoles. Elena, fiel a su costumbre, llegó 15 minutos antes. Vestía un sencillo pantalón de traje negro y una blusa blanca, un atuendo sobrio y profesional. Solo llevaba consigo una carpeta marrón y su inseparable bolso de tela. El doctor Morales, un hombre de 62 años de cabello canoso y trato amable, la conocía desde hacía 12 años. La recordaba llegando a su oficina por primera vez, buscando ayuda legal para su pequeña empresa y sin apenas dinero para pagar sus honorarios.
Él aceptó un plan de pagos porque vio en ella algo excepcional, una determinación inquebrantable. Elena, siéntate, por favor”, dijo el abogado señalando una silla frente a su imponente escritorio de Caoba. Recibí tu llamada ayer. Entiendo que hubo un incidente muy desagradable en el banco. Ella asintió, colocó la carpeta sobre la mesa y procedió a relatar los hechos con una calma asombrosa. Describió cada detalle, la mirada de desprecio de Ricardo, sus palabras crueles, la humillación pública y el momento en que rompió el cheque.
El doctor Morales escuchaba en silencio, con las manos entrelazadas, su expresión volviéndose más y más sombría a cada palabra. La serenidad de Elena al contar una historia tan vejatoria solo magnificaba la gravedad de lo ocurrido. “¿Así que rompió el cheque delante de ti?”, preguntó el Dr. Morales, su voz teñida de incredulidad. quería asegurarse de haber entendido bien la magnitud de la ofensa. Lo rompió en pedazos y los tiró a la basura. Dijo que yo no parecía tener la capacidad de recibir una suma de dinero como esa confirmó Elena, su voz firme, pero cargada con el peso del recuerdo.
El abogado se quitó las gafas y se frotó el rostro, suspirando profundamente. Elena, ¿eres consciente de las implicaciones legales y contractuales de esto? Sé que fue humillante, sé que fue injusto, pero es mucho más que eso. Como la mayor acreedora del banco, tienes el poder de convocar una asamblea extraordinaria. El contrato de bonos que firmaste, continuó el Dr. Morales, mientras habría un grueso archivador. Contiene cláusulas muy específicas sobre mala gestión y conducta inapropiada de los empleados que puedan dañar la reputación de la institución.
Cuando invertiste esos 2,400,000 € hace 3 meses, no solo salvaste al banco de una crisis de liquidez, sino que adquiriste una influencia decisiva, le mostró los documentos. Los bonos que posees representan el 17% de la deuda privada total del banco. Ningún otro inversor individual supera el 8%. No eres solo una clienta, Elena. Eres una pieza fundamental en la estructura financiera de esa entidad y ellos lo saben. Elena ya era consciente de estas cifras, pero escucharlas de boca de su abogado le confería una nueva dimensión.
El poder que ostentaba no era abstracto, era real y tangible. ¿Qué puedo hacer exactamente? Preguntó su voz reflejando la seriedad del momento. ¿Puedes solicitar una reunión inmediata con la junta directiva ejecutiva? explicó el Dr. Morales. Puedes presentar tu queja formalmente y exigir medidas correctivas drásticas. El Estatuto del Banco estipula que los acreedores con una participación superior al 15% tienen derecho a voz y voto en decisiones de 1911 gestión de personal en casos de mala conducta comprobada. Y créeme, lo que te hicieron es un caso de libro y los trozos del cheque sirven como prueba.
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