EL HIJO DEL MILLONARIO ERA PARALÍTICO DESDE QUE NACIÓ… PERO UN INDIGENTE SUJETÓ SU BRAZO Y…

Héctor tomó el celular y marcó el número de la tarjeta antes de que pudiera cambiar de idea. Sonó varias veces. Estaba a punto de colgar cuando una voz ronca contestó, “Bueno, Ramón Gutiérrez, ¿quién quiere saber?” “Soy Héctor Velázquez. Nos encontramos ayer en el hospital. Usted usted tocó a mi hijo.” Hubo una pausa larga del otro lado.

“El niño de la silla de ruedas”, dijo Ramón finalmente. Cambió de opinión. No sé lo que estoy haciendo, admitió Héctor. Pero necesito saber, ¿realmente vio algo o solo estaba? Lo vi, señor Héctor, y sé que usted también lo vio. De otra manera no me estaría llamando ahora. Héctor cerró los ojos. Investigué sobre usted. Sé lo que pasó. Sé que perdió su licencia.

Entonces sabe que ya no tengo nada que perder, respondió Ramón con una tristeza en la voz. y también sabe que no estoy tratando de ganar dinero con esto. Vivo en las calles, señor. No me interesa su fortuna. Entonces, ¿por qué se acercó a mi hijo? Porque cuando pasas años trabajando con niños, aprendes a ver cosas que otros no ven. Y porque sé lo que es tener tu vida destruida por un error.

No quiero que su hijo pierda su oportunidad por los errores de otros. Héctor sintió un nudo en la garganta. Los doctores dicen que no hay esperanza. Los doctores no siempre tienen razón. A veces se apegan tanto a los protocolos que olvidan observar realmente al paciente. No digo que pueda hacer que su hijo camine, pero digo que merece una investigación más profunda.

¿Y cómo propone hacerlo? Ya no tiene licencia, no puede trabajar con niños. No oficialmente, pero puedo observar, puedo sugerir estudios que quizá nadie haya pensado hacer. Puedo usar todo lo que aprendí en 20 años de profesión. Héctor guardó silencio, el peso de la decisión presionando sus hombros.

¿Dónde está ahora? En el centro histórico. Hay un albergue en la calle Madero donde duermo a veces. Puede venir a mi casa esta noche después de que mi esposa se duerma. Puedo, pero, señor Héctor, necesito que entienda algo. Si decide seguir adelante con esto, va a tener que confiar en mí. No puedo hacer nada si usted me cuestiona a cada paso.

No confío en nadie fácilmente, Ramón. Lo sé. Un hombre en su posición no habría llegado donde está confiando en cualquiera. Pero su hijo necesita que usted confíe esta vez. necesita que crea que existe una posibilidad, por mínima que sea. Héctor dio la dirección y fijó la hora. Cuando colgó, sus manos temblaban.

Estaba a punto de dejar que una persona sin hogar entrara a su casa a escondidas para examinar a su hijo basándose solo en una corazonada. Si alguien se enteraba, su reputación quedaría destruida. Pero cuando pensó en Diego atrapado en esa silla para siempre, supo que no tenía opción. A las 10 de la noche, Héctor esperaba en la puerta trasera de la mansión.

La casa estaba en un terreno grande, rodeada por muros altos y cámaras de seguridad. Él había apagado las cámaras de esa área específica, diciéndole al guardia que tenía problemas técnicos. Ramón apareció puntualmente, aún con la misma ropa gastada, pero Héctor notó que se había bañado y la barba estaba un poco más arreglada. “Entre rápido”, susurró Héctor mirando a los lados.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.