—Mamá —susurré—. Perdono. Pero no vuelvo atrás.
Salimos de la iglesia sin mirar atrás, bajo el sol de Sevilla.
Porque entendí algo esencial:
Hay quienes ganan dinero, estatus y mansiones…
y hay quienes ganan una vida plena, un amor real y una conciencia tranquila.
Yo no recuperé lo que me robaron.
Construí algo mucho mejor.
Y eso…
eso no se lo pudo quitar nadie.
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