ÉL INVITÓ A SU ASISTENTE AL BAILE Y SUS AMIGOS RIERON… PERO CUANDO ELLA LLEGÓ…

Ha notado las miradas, los susurros, la forma en que algunas personas se alejan cuando ella se acerca. Ha visto como Ricardo habló con Diego en la terraza, como su lenguaje corporal cambió después de esa conversación. Durante los siguientes 30 minutos, Diego se vuelve cada vez más callado y distante. Habla con otros invitados, pero evita los momentos íntimos con Sofía.

Cuando ella trata de tomarlo del brazo, él se aleja sutilmente. Sofía siente una humillación fría creciendo en su pecho. Se da cuenta de que las palabras de su madre eran ciertas. Los ricos juegan con reglas diferentes. Por un momento, se había permitido creer que podía pertenecer a este mundo, que Diego realmente la veía como su igual, pero la realidad la golpea como una bofetada. Ella es la empleada que está actuando como su acompañante por una noche nada más.

Diego dice suavemente cuando él termina de hablar con un grupo de inversionistas. ¿Podrías pedirle al chóer que me lleve a casa? Me duele un poco la cabeza. Segura. Aún es temprano. Segura. Gracias por una noche hermosa. Hay algo final en su tono que alarma a Diego, pero él está demasiado confundido por las palabras de Ricardo para procesar lo que realmente está pasando. Te acompaño al auto.

No es necesario. Quédate con tus invitados. Sofía se despide cortésmente de las personas que conoció durante la noche, recoge su pequeño bolso de mano y camina hacia la salida con la misma elegancia con la que llegó. Diego la ve irse desde el salón. sintiendo un vacío extraño en el pecho. Parte de él quiere correr tras ella, pero las palabras de Ricardo resuenan en su cabeza.

Realmente vale la pena arriesgar todo por esto. Ricardo aparece a su lado siguiendo su mirada hacia la salida. Hiciste lo correcto. Dice, “Era mejor terminar esto antes de que se complicara más.” Pero Diego no se siente como si hubiera hecho lo correcto. Se siente como si acabara de cometer el error más grande de su vida.

En el auto camino a Shochimilco, Sofía mira por la ventana las luces de la ciudad que pasan rápidamente. Se quita los aretes de perlas y los guarda cuidadosamente en su bolso. Por un momento había creído en el cuento de hadas. Había pensado que el vestido hermoso, la noche mágica y la atención de Diego significaban algo real. Pero los cuentos de hadas no existen en la vida real y ella debería haberlo sabido desde el principio.

Cuando llega a su casa, su madre está esperando la despierta en la sala. ¿Cómo te fue, mi hija?, pregunta Carmen, notando inmediatamente la expresión de su hija. Fue una noche muy educativa, mamá, responde Sofía, su voz cuidadosamente controlada. Aprendí mucho sobre mi lugar en el mundo. Carmen abraza a su hija, entendiendo sin necesidad de explicaciones que su corazón está roto. Lo siento, mi amor.

No tienes por qué sentirlo, dice Sofía secándose una lágrima que se escapó. Fue solo una noche y mañana vuelvo a la realidad. Esa noche tanto Diego como Sofía se acuestan pensando en el mismo momento, cuando estuvieron a punto de besarse en la terraza, cuando parecía que todo era posible, antes de que el mundo real lo separara otra vez.

Al día siguiente, lunes, Sofía llega a la oficina exactamente a las 8 de la mañana, como siempre. Lleva su traje gris de siempre, su cabello recogido de la manera profesional de siempre y su sonrisa educada de siempre. Buenos días, señor Castillo”, dice cuando Diego llega.

Tiene una junta a las 9 con los proveedores de Cancún, una llamada con los inversionistas coreanos a las 11 y almuerzo con el director de marketing a la 1. Su tono es perfectamente profesional, como si la noche del viernes nunca hubiera existido, como si nunca hubieran bailado juntos, nunca hubieran compartido momentos íntimos en la terraza, nunca hubieran estado a punto de besarse.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.