Diego lee la carta tres veces, sintiendo como si el mundo se hubiera detenido. Sofía se va. En tres días se va para siempre. Corre hacia su oficina donde ella está empacando algunos objetos personales en una caja pequeña. Guadalajara, pregunta su voz ronca. Sofía no levanta la vista. Es una buena oportunidad profesional. Sofía, tenemos que hablar. No hay nada que hablar, señor Castillo. Son decisiones de carrera.
No se trata de carrera y lo sabes. Finalmente ella lo mira y Diego puede ver dolor en sus ojos, aunque su voz permanece controlada. ¿De qué se trata entonces? Por un momento, Diego tiene la oportunidad perfecta para decirle todo, que está enamorado de ella, que la noche del baile fue la más importante de su vida, que no puede imaginar su futuro sin ella.
Pero las palabras se atascan en su garganta. El miedo, las dudas sembradas por Ricardo, la diferencia de clases sociales, todo se combina para silenciarlo. Vas a hacer falta aquí, dice. Finalmente Sofía sonríe tristemente. ¿Conseguirá una asistente mejor? Alguien que entienda mejor su mundo.
Nadie va a ser mejor que tú. Claro que sí, dice ella cerrando la caja. Y va a ser más apropiado para ambos. Esa palabra apropiado se queda clavada en el pecho de Diego como una daga. Se da cuenta de que Sofía está usando su propio lenguaje social contra él. ¿Cuándo te vas? Este fin de semana ya entregué mi departamento. Tres días. Diego tiene tres días para encontrar el valor que le ha faltado durante semanas.
Pero al verla empacar sus cosas, al escuchar la firmeza en su voz, se pregunta si ya es demasiado tarde. Tres meses después, Diego camina por las calles del centro histórico de Guadalajara. Oficialmente está aquí por Negocios, una junta con inversionistas locales para expandir hoteles Castillo al occidente del país. Pero la verdad es otra.
Ha estado buscando una excusa para venir a esta ciudad desde que Sofía se fue. Su vida en Ciudad de México se ha vuelto un vacío gris. Los días en la oficina se sienten interminables sin la eficiencia y calidez de Sofía. Su nueva asistente, Carla, es competente pero fría.
No hay conversaciones espontáneas, no hay sonrisas genuinas, no hay esos momentos que hacían que ir a trabajar fuera algo más que una obligación. Ricardo lo ha arrastrado a varias cenas con Isabela, quien sigue interesada a pesar del rechazo inicial de Diego, pero cada conversación con ella le recuerda lo que perdió. Isabela habla de viajes, de compras, de chismes sociales.
Nunca pregunta sobre sus sueños, nunca desafía sus ideas, nunca lo hace sentir que está conociendo a alguien real. Ahora, mientras camina por las calles empedradas de Guadalajara, Diego siente una mezcla de nervios y esperanza que no había experimentado en meses. No tiene plan específico. No sabe dónde trabaja Sofía exactamente. No tiene su nueva dirección.
No sabe si siquiera quiere verlo, pero algo en su interior le dice que tiene que intentarlo. Se detiene en un café llamado Café de la Paz, en el centro histórico, pidiendo un americano mientras revisa sus correos. El lugar es acogedor, con paredes de ladrillo y arte local, muy diferente a los lugares corporativos donde normalmente desayuna en Ciudad de México.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
